martes, 11 de marzo de 2008

Imperio Maya

La civilización Maya

Los mayas se establecieron en una región que correspondió a lo que hoy son México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Este vasto territorio no presentaba homogenei­dad geográfica, pudiéndose distinguir en él dos regiones bien características: el Sur, for­mado por tierras altas, cálidas y húmedas, con selvas tropicales donde abundaron aves, serpientes, venados y jaguares.
El Norte, en cambio, correspondió a una planicie calcá­rea, el clima fue seco y el agua se obtenía de los ríos o cenotes originados en las tierras impermeables.
Tal fue el escenario para los mayas: una geografía que siempre desafió su imagina­ción y creatividad para obtener de ella lo ne­cesario para la vida.

La historia

Después de un largo período de forma­ción, comprendido entre los siglos X y IV a.C., en que definió sus rasgos propios, la ci­vilización maya inició su verdadera historia. Esta cultura fue realizada por un conjunto de pueblos provenientes de las llamadas ci­vilizaciones arcaicas centroamericanas, cuyo elemento más característico fue la lengua común. En ella se pueden distinguir dos pe­ríodos.

Imperio Antiguo (IV a.C.-X d.C.). Su área cultural se ubicó en el Petén (Guatema­la y Honduras).Aparentemente fue una eta­pa de paz y prosperidad y se manifestó en imponentes centros urbanos como Tikal, Corán y Palenque. Se trató de importantes sitios ceremoniales rodeados de núcleos de población dedicados al cultivo del maíz. Ha­cia fines del siglo IX a.C., esta cultura se ex­tinguió debido, probablemente a enfrenta­mientos guerreros que los empujaron hacia Yucatán o bien a trastornos climáticos y al aumento poblacional. La productividad de las tierras disminuyó y los campesinos se re­belaron dejando de tributar y prestar servi­cios a los centros ceremoniales. Esta difícil situación interna fue aprovechada por nue­vos grupos para invadir la región y obligar a sus antiguos habitantes a dispersarse o emi­grar hacia otras regiones. Abandonados los templos y ciudades, éstos no tardaron en ser invadidos por la selva.

Imperio Nuevo (X-XVI d.C.). Esta nueva etapa se desarrolló en la península de Yuca­tán. El nuevo imperio agrupó a los antiguos mayas del Petén y a los habitantes de lo ce­notes y pueblos provenientes del centro de Méjico. La fusión de ellos posibilitó el rena­cimiento de la civilización maya. En este úl­timo período se fundaron las ciudades de Chichén-Itza, Mayapán y Uxmal, que debie­ron ser rodeadas por murallas para protegerse de los continuos ataques que sufrían por parte de los nahuas del Norte. El peligro común contribuyó a fortalecer los lazos en­tre los mayas. Para afrontar la crítica situa­ción, crearon la Liga de Mayapán. Sin em­bargo, a pesar de estos esfuerzos, a la llega­da de los españoles el imperio atravesaba por una época de decadencia.

Las luchas se libraban por la falta de tierras aptas para el cultivo, lo que comprometía gravemente la subsistencia del pueblo. De esta manera, una serie de cacicazgos atomizados se dispu­taban el control sobre una población convul­sionada.
En la larga travesía de cerca de 1.800 años, los mayas supieron fraguar una serie de elementos políticos, sociales, económi­cos, religiosos y culturales.

Las autoridades

Apenas se inicia el estudio de los mayas, se descubre que nunca formaron un Estado unificado y centralizado. Su vida política se caracterizo por una organización en torno a ciudades-estado. Sus núcleos urbanos eran verdaderos centros ceremoniales donde resi­dían los dirigentes, sacerdotes, artesanos y mercaderes. Los campesinos de los alrede­dores les entregaban parte de sus cosechas y mano de obra como tributos.

En cada uno de estos pueblos, el poder su­premo estaba bajo el influjo de los sacerdo­tes. El gobierno era encabezado por el Ha­lach-Uinic, quien ejercía funciones monárquicas y estaba considerado como persona divina. El Gran Consejo asesoraba al jefe del poder y estaba integrado por los sacerdotes. Ambas instituciones manifestaban su autoridad dictando leyes, ejerciendo la justi­cia y dirigiendo el gobierno.
Completaban el gobierno una serie de fun­cionarios llamados batabes. Eran vitalicios y les correspondía mantener el orden público, recaudar los tributos, hacer las veces de al­calde, servir de jueces, organizar el trabajo tributario y hacer cumplir con el servicio mi­litar.
Al formarse la Liga de Mayapán, los ma­yas organizaron un gobierno central, en el que los grupos aliados estaban representa­dos. Sin embargo, la nota común y perma­nente fue la independencia, con gobiernos particulares, sin llegar a unificarse y organi­zarse como un verdadero Estado.

Los grupos sociales

La sociedad maya estuvo profundamente estratificada. La más alta posición estaba ocupada por la clase dirigente, tanto civil como religiosa. En el segundo nivel se encon­traban los funcionarios administrativos me­nores. El tercer estrato esta ocupado por los militares, adivinos curanderos comerciantes. Finalmente, en la base de su organi­zación estaban los campesinos y los esclavos.
La preponderancia social de la clase diri­gente se expresó en la magnificencia de, los centros ceremoniales construidos gracias a la abundancia de mano de obra tributaria. Ese grupo supo dirigir y encauzar el trabajo hacia tareas que realzaban su honor y prestigio, a la vez que aseguraban la estabilidad del po­der.

La economía

La base indiscutible de la alimentación de los mayas fue las agricultura. La producción mas importante fue el maíz, que supieron complementar con el frejol, tomate, calaba­za, camote cacao y algodón. El equipamien­to técnico y el sistema de trabajo fueron rudi­mentarios. Periódicamente repartían la tie­rra laborable entre las familias de cada ciu­da -estado. De la producción obtenida, una parte correspondía al Estado y a los sacerdo­tes que dirigían las faenas agrícolas.
Mención aparte merece el comercio. Las rutas de intercambio cruzaban toda el área maya relacionando a los diversos centros en­tre sí. Importaban cobre, oro y plata de centroamérica; jade, obsidiana y cerámica del altiplano mexicano; conchas y objetos mari­nos de la costa del Golfo.

Por su parte, ex­portaban cacao, pedernal, ámbar, lava vol­cánica, fibras vegetales y sal. El foco del co­mercio fue el mercado que se celebraba una vez por semana. Se ubicaba dentro del recin­to ceremonial y estaba vigilado para evitar abusos y engaños en precios y medidas. Exis­tía una corte comercial para la solución de los pleitos en el sitio mismo.
La caza y la pesca tuvieron una importan­cia muy relativa. Ganadería y minería estu­vieron escasamente desarrolladas. Final­mente, la navegación sólo cumplió funciones locales como vehículo de intercambio y co­municación.

El mundo de sus creencias

Todas las actividades realizadas por el pueblo tenían su lugar bajo el amparo de sus divinidades. El más importante de sus dioses fue Hunab-Ku, creador del mundo y padre de los dioses. Su hijo, Itzamá, simbolizado por el Sol, era el señor de la vida, inventor de la escritura y patrono de la medicina. Kukul­cán era considerado el autor del calendario. Su atributo mayor era el ser legislador del pueblo. Todos los dioses fueron representa­dos y materializados en elementos de su vida corriente. Algunos tuvieron forma humana, en tanto que otros correspondieron a estre­llas y planetas. Sin embargo, para un pueblo que dependía estrechamente de los dones de la tierra, la representación en elementos de la Naturaleza resultaba imprescindible. Tal fue el caso de Chacc (lluvia); Yum Kax (maíz y cultivos) y Ex Chuah (protector de los mer­caderes). En sus comienzos, el culto fue sumamente sencillo, limitándose a ofrendas de flores frutos, oraciones y penitencias. Pero a medi­da que el ceremonial fue evolucionando, los sacerdotes acrecentaron su importancia, es­pecialmente por ser depositarios de la sabi­duría nacional.
Los sacrificios humanos y de animales, que habían sido escasos durante el Antiguo Imperio, llegaron a ser imprescindibles en el Imperio Nuevo. Se practicaban estas cere­monias cuando un serio peligro comprome­tía a la ciudad. Así, mediante la entrega de una doncella y un joven, esperaban recupe­rar u obtener la acción benefactora de su di­vinidad.
Creyeron en una vida extraterrenal. El pa­raíso -Yax Che- esperaba a todos los guerre­ros muertos en batalla, a los sacerdotes y mu­jeres muertas durante el parto. Sin embargo, el infierno -Yum Kimil- era el lugar para to­dos aquéllos que no cumplieron en vida los ideales del pueblo maya.

Las creaciones culturales

Las principales manifestaciones artísticas se encuentran en esculturas líticas. Existen grabados de piedra, madera y relieves en es­tuco, pinturas murales y cerámica. Los colo­res preferidos por los mayas fueron el rojo, blanco, negro y amarillo. La nota caracterís­tica de su arquitectura fue el abovedamiento en puertas y ventanas.
Los mayas desarrollaron un complicado sistema de escritura Mediante el uso de—je­roglíficos representaban sonidos e ideas has­ta hoy indescifrables. Las investigaciones científicas fueron animadas y realizadas por los sacerdotes, quienes se constituyeron por ello en el grupo rector de la vida maya.
Los estudios matemáticos alcanzaron un elevado nivel de desarrollo al elaborar un sistema vi­gesimal de numeración en el que emplearon el concepto cero.

Sin embargo, lo más sorprendente fue la precisión de su calendario como consecuen­cia de su aplicado estudio de los fenómenos celestes. Los mayas elaboraron un calenda­rio civil -haab- de 365 días, divididos en 18 meses de 20 días y un decimonoveno de 5 días. Gracias a él ordenaban sus actividades agrícolas y civiles.
El calendario religioso, en cambio, contaba con sólo 260 días, divididos en 13 meses de 20 días. La utilidad de éste la daba la confección de los horóscopos perso­nales y la determinación de las ceremonias rituales. Ambos calendarios eran combina­dos de modo que, cada 52 años, cuando vol­vían a coincidir perfectamente el mismo día y el mes de cada calendario, todo terminaba y a partir de entonces un nuevo ciclo se iniciaba.
tomado de profesores, Cheix y Gutierrez.

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